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El Premio Nobel como espejo de la investigación química de excelencia

El síndrome de Estocolmo – El Premio Nobel como espejo de la investigación química de excelencia

En los primeros días de octubre cientos de científicos de todo el mundo empiezan a padecer un síndrome peculiar, que podríamos denominar de Estocolmo, caracterizado por una elevada excitación, ansiedad e insomnio. Son los integrantes de ese cupo que aspira a recibir el Premio Nobel, el mayor reconocimiento que un científico puede recibir. Su fama no ha cesado de crecer desde su instauración, en 1901, y otorga a quienes lo poseen el respeto y admiración del planeta entero, incluso de quienes ignoran sus merecimientos. Otros galardones se han creado después, pero todos quedan ensombrecidos por el fulgor del Nobel. Es el más deseado, el único que recibe una especial atención mundial cada año y aquel por el que cualquier científico renunciaría a todos los demás. En el apartado de química se ha otorgado en 106 ocasiones, con 169 premios y 168 premiados, ya que uno de ellos, Frederick Sanger, lo recibió dos veces. Muchos ven en la trayectoria de estos reconocimientos un espejo fiel del devenir de la excelencia investigadora, aunque también ha sido fuente de polémicas, exclusiones e injusticias. Aun con sus deficiencias, el conjunto ofrece una vista panorámica de la evolución de la química desde los inicios del siglo XX. | Eugenia Angulo e Ignacio F. Bayo / Divulga

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