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Biocombustibles de segunda generación a partir de microalgas

Biocombustibles de segunda generación a partir de microalgas

En la búsqueda de alternativas energéticas que contribuyan a disminuir las emisiones de CO2 a la atmósfera, investigadores químicos han demostrado que el uso de las algas para la producción de aceites para combustibles cumple con la doble función de absorber las emisiones de CO2 a la atmósfera, y desarrollar una energía de origen vegetal con cultivos que no interfieren con la alimentación.

Dentro de los proyectos que se están llevando a cabo en España para incrementar la sostenibilidad en la obtención de energía destacan el CENIT PIIBE, proyecto de Investigación para el Impulso del Biodiésel en España y coordinado por Repsol. Gracias al programa, no sólo se ha logrado avanzar en la protección del entorno con nuevos biocombustibles y biolubricantes sino que se ha abierto camino a una nueva generación de energía basada en combustibles bio, más sostenibles y respetuosos con el medioambiente.

Otro proyecto CENIT (Consorcio Estratégico Nacional de Investigación Técnica) destacado es el SOST-CO2, cuyo objetivo es abordar el ciclo de vida completo del CO2, desde su captura en las fuentes de emisión pasando por su transporte, su almacenamiento y su valorización a gran escala. Se pretende enlazar la captura del CO2 con su posterior revalorización, buscando así una alternativa sostenible al mero confinamiento geológico de las emisiones. La visión del proyecto es situar a España en una posición de excelencia en cuanto al uso sostenible de fuentes energéticas, reduciendo las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, desarrollando así nuevas tecnologías que potencien su uso sostenible frente al confinamiento y favoreciendo nuevas fuentes de energía sostenibles.

El  consorcio SOST-CO2 está formado por 15 empresas encabezadas por Carburos Metálicos, que abarcan un amplio espectro de mercados desde la petroquímica o la energía a la alimentación, pasando por varias ingenierías que a su vez dan servicio a multitud de sectores industriales. El apoyo de 28 OPIS (universidades, centros de investigación y fundaciones) confiere de la más alta excelencia científica, poniendo al alcance del Proyecto los más avanzados laboratorios y los grupos de investigación más especializados del país.

Biocombustibles, solución sostenible

La preocupación por el medio ambiente se ha traducido en el hallazgo de nuevos métodos de producción de materias primas que no interfieran en la alimentación humana, como las microalgas. Para esas materias primas, los investigadores del Centro de Tecnología Repsol han encontrado procesos de transformación más eficientes y menos contaminantes, aprovechando subproductos e introduciendo nuevas etapas en el proceso de producción de biocombustible relacionadas con la depuración de aguas residuales. La empresa ha obtenido además green diésel en refinerías a escala a partir de aceites de colza, soja o palma, o incluso con aceites de fritura o grasas animales y asimismo, lo ha conseguido a escala real en las refinerías de Cartagena y Puertollano.

En cuánto a las microalgas, las investigaciones de la empresa han demostrado que el uso de las algas para la producción de aceites para combustibles cumple con una doble función: por un lado, absorben las emisiones de CO2 a la atmósfera, y por otro, desarrollan una energía de origen vegetal con cultivos que no interfieren con la alimentación, de este modo, se contribuye a combatir dos de los grandes retos a los que se enfrenta la sociedad actual.

Transformar el CO2 con la luz

Las microalgas son microorganismos muy eficientes que utilizan la luz para transformar el CO2 en biomasa, aceites o azúcares que pueden ser utilizados para la fabricación de biocombustibles. Aunque la investigación en cultivos de microorganismos como fuente de combustibles se inició hace más de cinco décadas, no es a partir de los 80 cuando se plantea como producción a gran escala. Los pioneros en esto fueron los estadounidenses.

Según explican Carlos Díaz  y Enrique Espi, investigadores químicos del Centro de Tecnología Repsol, para los cultivos de microalgas primero se elige la especie más adecuada para el cultivo en las áreas geográficas a las que se dirija el proyecto. Después es necesario elegir un sistema de cultivo, bien sea en sistemas abiertos (estanques) o cerrados (fotobiorreactores). Tras estos pasos se diseñan y construyen los sistemas para cosechar y concentrar la biomasa, extraer el aceite y transformarlo en un biocombustible. “Las microalgas presentan ventajas respecto a otros cultivos”, sostienen los investigadores, “porque multiplican por diez o más la productividad de los cultivos terrestres convencionales, no requieren terrenos fértiles ni agua de buena calidad, ni pesticidas para crecer, y capturan CO2 de la atmósfera o directamente de fuentes de emisión. 100 toneladas de microalgas cultivadas absorben 180 toneladas de CO2”.

Esta línea de trabajo se compone, además de los proyectos CENIT PIIBE y CENIT SOST CO2, del CENIT VIDA (Valorización Integral de Algas) y Plan E Microalgas Tarragona, lo que supone una estrecha colaboración con otras instituciones como el Centro de Biotecnología Marina (Univ. De Las Palmas de Gran Canaria), la Universidad de Alicante, Universidad Politécnica de Madrid, Universidad Rey Juan Carlos,  el Instituto de la Grasa del CSIC, el centro tecnológico Tecnalia o el IREC de Cataluña.

El Centro de Tecnología de Repsol, instalaciones que tienen una superficie de de 56.000 hectáreas situadas en el Parque Tecnológico de Móstoles en Madrid, son el centro neurálgico del I+D+I de la compañía y es reconocido como el más importante de Europa donde 400 investigadores ponen en valor su creatividad al servicio de la energía y el desarrollo. Se inauguró en el 2002.

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Repsol