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Plásticos a la caza de las bacterias

Plásticos a la caza de las bacterias

¿Sabía que hay plásticos con propiedades antibacterianas, antimicrobianas y hasta anti-olores? Estos plásticos ingeniosos, frecuentes en el mundo de la medicina, están también presentes en nuestra vida cotidiana.

Hace unos diez años, la industria del plástico comenzó la caza de las bacterias. Los investigadores se centraron en el desarrollo de nuevos procesos para conseguir barreras contra bacterias y otros gérmenes para aplicación en los campos de la salud y la conservación de alimentos.

El primer paso era dilucidar qué antisépticos podrían ser incorporados a un polímero. Se necesitaba una especie de producto milagroso que fuera garantía de barrera higiénica y tuviera al mismo tiempo estabilidad duradera en diferentes condiciones de temperatura, humedad, luz, etc. Pronto se vio que el yoduro de plata, conocido desde tiempo por sus excepcionales propiedades, era el aditivo más adecuado.

Para evitar que el plástico se oscureciera con el tiempo, encapsularon el yoduro de plata en una película de poliéster que forma una barrera contra la luz. Los químicos de la industria del plástico lograron estabilizar los iones e incorporarlos a los polímeros sin que sus propiedades antimicrobianas se vieran afectadas. Los iones plata atraviesan la membrana celular de los microorganismos y por tanto interrumpen sus funciones celulares, impidiendo su proliferación y los efectos perjudiciales. Cabe mencionar que los iones sólo actúan en el caso de un “ataque” de los gérmenes y bacterias, mientras que son totalmente inofensivos para cualquier otra forma de vida. Acababan de nacer los plásticos antibacterianos.

Una característica importante es que esta técnica de incorporación puede aplicarse a un gran número de polímeros: ABS, PE, PP, PET, PVC, etc., incluso a textiles como el acrílico o el nylon. En otras palabras, cualquier objeto de plástico puede contener un agente antibacteriano, y los fabricantes de plásticos continúan desarrollando productos con bactericida: desde film para envasado de alimentos a botellas, cortinas para salas de hospitalización, o pomos para puertas.

En las aplicaciones más diversas

En el sector de alimentos, los plásticos antibacterianos están presentes en forma de películas transparentes para el envasado de productos frescos como carne, frutas y verduras. La película de plástico captura y elimina el 99,9% de las bacterias, incluyendo la famosa Escherichia coli.

Se sigue investigando en este campo, en el que están empezando a emerger nuevos polímeros con la particularidad de que sólo son activos cuando la presencia de bacterias está confirmada. Esta última generación de envases incorpora microcápsulas que controlan la liberación de los agentes antibacterianos sólo cuando la bacteria entra en contacto con los envases de plástico.

Los plásticos germicidas están presentes en múltiples aplicaciones, y no sólo en el sector médico o de alimentación. En la industria cosmética por ejemplo. Algunos tubos de lápiz de labios se fabrican con plásticos antibacterianos. La multinacional química estadounidense DuPont ha desarrollado Taklon ®, una fibra de poliéster suave y flexible que imita perfectamente las cerdas de jabalí y puede sustituirlas con ventaja en la fabricación de cepillos de pelo y pinceles de maquillaje, ya que puede incorporar agentes antibacterianos.

Entre las grandes familias de los plásticos cabe mencionar los polímeros de estireno (el poliestireno en particular). Estos polímeros son muy apreciadas por los industriales por su resistencia al agua, sus propiedades de aislamiento térmico y eléctrico, su rigidez y una buena solidez/peso que hace que su transporte sea económico y facilita la producción y el reciclaje. En 2008, la compañía química alemana BASF incorporó al poliestireno compuestos de plata que proporcionan propiedades germicidas a su superficie. Se trata de la gama Luran ® S BX 13042. La combinación de esta característica antimicrobiana con las cualidades de este polímero abre la puerta a interesantes aplicaciones, y especialmente en el campo de la salud en objetos como secadores, dispensadores de jabón, e incluso la totalidad de un baño público móvil.

Los fabricantes se han especializado en el diseño de periféricos externos para lugares públicos. En los teclados y ratones de ordenador por ejemplo, las piezas de plástico se tratan con un aditivo antibacteriano para su uso en hospitales, escuelas y lugares con muchos usuarios. Como beneficio adicional, las fundas que contienen estos componentes son herméticas y por lo tanto, se pueden lavar en agua.

Ya desde años 80, los tejidos se recubrían con agentes antimicrobianos para evitar que los gérmenes los desgastaran. Más adelante, con el desarrollo y el uso generalizado de ropa deportiva técnica la industria química encontró la forma de recubrir permanentemente las fibras de polímero con yoduro de plata, lo que las transformó en un material activo. Aunque en la actualidad estas aplicaciones se destinan básicamente a la ropa deportiva técnica, habrá sin duda desarrollos para aplicaciones como fundas de asientos de automóvil, fundas de colchón, o como relleno en los cascos de moto.

El fenómeno de la sudoración por otra parte, está vinculado al desarrollo de bacterias que emiten un olor repulsivo. Para evitarlo, se tratan las microfibras de nylon o poliéster con yoduro de plata. Este es también el tipo de acabado que se utiliza en las colchonetas deportivas o los tatamis de judo.

Más información:

Plastics – The Mag

16 diciembre, 2011
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