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Pregúntale al envase

Pregúntale al envase

El envase no sólo contribuye a la higiene de los alimentos sino que en algunos casos, prolonga considerablemente su vida útil. La evolución futura apunta a envases capaces de comunicar información esencial del alimento que contienen.

La gran mayoría de productos de alimentación se presentan en envases de plástico, un material que también está presente en otros tipos de envase: gracias a recubrimientos plásticos, las latas se mantienen herméticas y la comida no tiene sabor metálico, las botellas de cristal tienen más resistencia al impacto, y pueden soldarse los dos extremos de los sobres de azúcar, lo que evita que entre la humedad. Son tres ejemplos de los muchos que podrían mencionarse.

En los últimos años se han desarrollado para alimentación sofisticadas técnicas de envasado denominadas “sistemas de barrera”, que consiguen prolongar el tiempo de conservación de los alimentos –casi siempre, evitando la entrada de oxígeno. Según las necesidades del producto envasado, pueden utilizarse en el envase hasta seis capas de materiales distintos, cada uno con unas determinadas propiedades intrínsecas: impermeabilidad al oxígeno o a la humedad, resistencia mecánica, adaptabilidad para la impresión, aspecto visual, etc. Para que el café instantáneo, el yogur, el queso o la carne se conserven óptimamente, sus envases tienen que ser distintos.

La carne por ejemplo, es un alimento que se echa fácilmente a perder; si el envase es una bandeja de espuma de poliestireno, aguanta unos tres días, pero si es un sistema multicapa de poliestireno, EVOH (alcohol etilvinílico) y polietileno, más impermeable, mantiene su frescura hasta diez días. Las cómodas bolsas de ensalada del súper son asimismo envases multicapa, que mantienen el producto lavado y cortado durante días… las ensaladas no se pasan porque las bolsas que las contienen están llenas de nitrógeno (el aire que respiramos es nitrógeno en un 80%). Los frutos secos suelen estar también envasados en nitrógeno o/y dióxido de carbono, en bolsitas multicapa de polietileno/aluminio/PET que los mantienen crujientes y con todo su sabor.

Y además, participan

Se prevé que en un futuro no muy lejano, los envases tengan funciones que van más allá de ser una barrera protectora. Se están desarrollando envases que “participan activamente” en la preservación de los alimentos, ya sea absorbiendo los gases que no se desean, o liberando otros que sí contribuyen a la conservación –y todo ello manteniendo las propiedades nutricionales los alimentos y las organolépticas (que son las relacionadas con los sentidos: sabor, color, textura, aroma, etc.)

Estos envases activos, que están equipados con absorbentes (de oxígeno, humedad o etileno), o son emisores de compuestos antimicrobianos, aromáticos, etc. tienen detrás una sofisticada tecnología basada en microcápsulas u otros procesos químicos, altamente desarrollados y rigurosamente controlados.

En un futuro se prevé asimismo la aplicación en el envase de detectores (químicos) capaces de comunicar información esencial, como puede ser la existencia de algún poro en envases para atmósferas modificadas, una rotura de la cadena de frío, el grado de frescura de un producto, etc. Por ejemplo, una etiqueta cromática que cambia de color si entra oxígeno en el paquete. El mismo tipo de proceso, reaccionando con los gases liberados en los aromas, puede comunicar el grado de madurez de las frutas: rojo cuando están duras, naranja cuando están al punto, amarillo cuando están maduras…