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“Empecé a estudiar los ribosomas para comprenderlos, no para mejorar los antibióticos”

No se considera ni química, ni física, ni bióloga, a pesar de llevar toda la vida tejiendo lazos entre las tres disciplinas para llegar a los secretos de la máquina que más admira: el ribosoma. Después de más de treinta años persiguiendo una imagen tridimensional de este objeto —que es la fábrica celular de proteínas—, a finales de los noventa llegó a su meta y, de paso, abrió la puerta a la creación de nuevos antibióticos capaces de luchar contra la resistencia de las bacterias. La científica israelí, que dirige el Centro de Estructura Biomolecular del Instituto Weizmann, disfruta ahora del Nobel de Química que en 2009 compartió con otros dos investigadores, Thomas Steitz, de la Universidad de Yale, y Venkatraman Ramakrishnan, de Cambridge. Mientras el mundo aplaude sus trabajos pioneros, Ada Yonath recuerda que todos la tomaban por loca cuando en la década de los setenta se empeñó en dibujar un mapa del ribosoma a escala atómica. Hasta entonces, nadie había logrado jamás cristalizar estos complejos de proteínas y ARN, pero ella desoyó las críticas y con el tiempo, otros científicos se sumaron a su sueño. Esperanza García Molina ENTREVISTA A ADA YONATH, Premio Nobel de Química en 2009

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27 abril, 2011
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